La respuesta de Dios al interrogante sobre la muerte

      "Después de que me arranquen la piel, ya sin carne, veré a Dios, yo mismo lo veré, y no otro, mis propios ojos lo verán".  Así hablaba Job en la primera lectura que hemos escuchado.   Job ha descubierto en medio de su desgracia, en medio de la muerte, la presencia callada y silenciosa de Dios.  Después de la rebelión, Job ha decidido finalmente poner toda su confianza en Dios, a pesar de que Dios calla, a pesar de que parece que no hay respuesta a la injusticia del sufrimiento y del dolor, Job acepta y confía.

         Job vivió antes que Jesús, y en cierta medida Job no tuvo la suerte de conocer la respuesta de Dios a la muerte.  Nosotros sí la hemos conocido en Cristo.   Nosotros hemos descubierto en El,  algo mejor que la respuesta a la muerte, algo más importante y más decisivo para nuestra vida: el sentido que tiene el sufrimiento y  la muerte.   Nosotros hemos visto en Jesús, que la vida entregada al amor y al servicio de los demás, tiene futuro, tiene continuidad.   Nosotros hemos comprendido gracias a Jesús, que el sufrimiento y la muerte no son más que la otra cara del amor tal como es posible vivirlo en este mundo.   Nosotros sabemos por Jesús, que el amor y el servicio a los demás es lo único que en este mundo tiene capacidad para superar la muerte. Sólo muriendo como el grano de trigo se puede dar fruto. Cristo ha ten­dido por nosotros el puente entre esta vida caduca y la vida eterna, entre este amor sufriente y el amor gozoso.

         Por eso, ser cristiano no es otra cosa que vivir en una continua acción de gracias a Dios.  Gracias por la vida que nos ha dado, gracias por todos los acontecimientos, gracias por todas las personas que hicieron el camino de la vida a nuestro lado, gracias por lo bueno y por lo malo, gracias sobre todo por su Hijo, Jesús, que muriendo por nosotros nos ha abierto las puertas de la feli­cidad eterna.   Y hoy aquí, ante el cadáver de ..., también le damos gracias a Dios, por su vida, por su trabajo y por su servicio, también por su sufrimiento que lo ha unido al sufrimiento de Cristo, y gracias finalmente por su muerte que le ha permitido unirse a la muerte y a la resurrección de Cristo.   Esta es nuestra fe y nuestra confianza que aquí confesamos y proclamamos.