Anciana, viuda y creyente

         Sab 3,1-9 y Jn 17,24-26

         “La vida de los justos está en manos de Dios, sufrieron un poco, recibirán grandes favores, porque los halló dignos de él”  ¿Qué cosa podemos decir mejor de ... que estas palabras del libro de la Sabiduría que hemos escuchado?  Su vida está en manos de Dios, lo estuvo y lo está ahora, como siempre lo supo ella.  Sufrió mucho en la vida con la muerte prematura de su marido y de sus hijos,  tuvo que luchar y pelear por sacar la familia adelante, nos dejó el testimonio de su fe siempre firme y fiel a la Iglesia.  ¿Qué más podemos decir de ...?  Sus defectos, sus fallos, quedan oscurecidos por el cariño y simpatía que nos mostró a todos.   Ha vivido una vida plena, nos ha dejado casi sin enterarnos, sin molestar.  Hoy aquí, damos gracias a Dios por la vida de ....  Hoy aquí pedimos al Padre que se cumpla el deseo de Jesús que hemos escuchado en el evangelio: “que todos los que me confiaste estén conmigo y contemplen la gloria que tú me diste”. Apoyados en esta fe, la misma fe que manifestó y mantuvo ..., nos consolamos con la esperanza de que un día nos encontraremos con ella.  Nosotros aquí mantendremos vivo su recuerdo, esta comunidad cristiana de Aras echará de menos su presencia, su testimonio y su oración. 

         Hermanos todos, que esta celebración nos sirva a todos para renovar nuestra fe, para recuperar la ilusión por vivir haciendo el bien, para aprender a confiar en Dios, porque pase lo que pase todo redunda en bien del que sabe confiar en El.  Esto es lo que ... hubiese querido para nosotros.  Que ella nos ayude a conseguirlo desde el cielo.