Jo, Chema, es qué ... pensar
... y luego expresar ... y luego descifrar ...
En fin,
allá voy.
Yo creo
que Dios tiene un problema conmigo: nunca he dudado ni de su existencia,
ni de su presencia. Mi lógica con Dios es aplastante, sin Dios, nada
tiene lógica. Por eso, el encuentro con Jesús, significó dejar la lógica
y pasar a los afectos.
O sea para
aclararme a mi mismo: primero fué el Dios del conocimiento, para pasar
(con Jesús) al Dios del afecto. El primero era impersonal casi, o más
bien, frío y un poco aséptico, como el que sabe que existe Nueva York,
pero nunca ha estado allí (por ejemplo, yo): vamos que no es que te
influya para nada en tu vida. Ese Dios de mi entendimiento, estaba
bastante bien, pero no satisfacía nada. O sea, como si nada. Solo mi
entendimiento se tranquilizaba: todo era lógico.
Luego
viene Jesusito de mi vida, y ¡zas! te aguantas, Casimiro, pero ya te lo
ha presentado, te ha maravillado, te has enamorado, "me pudo y me
sedujo", como a Jeremías. Lo bueno, es que ya no era solo la lógica,
sino el afecto ... ya era la fe.
Luego llegó
la esperanza, porque claro, esto tiene que mejorar, aunque ya sea bueno,
y tienes una misión en el mundo (no es la vocación de cura, sino un
mensaje de esperanza que llevar), o sea que estás aqui, no solo para ti
(que ya es bastante) sino para todo y para todos. Y qué es lo que mejor
te ha dado, pues dalo que es un regalo.
Y, por
fin, el amor: se empeña en que el Espíritu, no solo da inteligencia,
voluntad, sino fuerza que se traduce en amor. Porque no hay mayor fuerza
que esa (eso está claro). Y héte aquí que el pasota más pasota de
todos los pasotas, se quiere convertir en dador de esperanza y de amor
(la fe solo la da Dios). Y como además nací en Iglesia, viví en
Iglesia y la más profunda de todas las realidades humanas por mi
vividas han sido en Iglesia, pues a aguantarte y a quererla (encima).
Resumiendo, que me enrollo, creo en el Jesús que me ha presentado a
Dios, y que me dio su Espíritu para vivir una realidad nueva y
comunitaria. Y solo después de esto sé una verdad: lo único
importante de la vida es morirse, y no es importante porque resucitamos
(como él) ¿para que leches me voy a preocupar, ni tan siquiera por mi
mismo? Vive relajado, feliz, haciendo que los demás lo sean; que lo demás
está en las mejores manos. Y pelea por la vida, que la muerte ya te
traerá más vida. Paz y bien, hermanos.