Vía
crucis según los relatos evangélicos
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Después de decir la estación
V/ Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R/ Porque con tu santa cruz redimiste al mundo
Antes de decir la estación
V/ Señor pequé.
R/ Tened piedad y misericordia de mi.
Primera estación: Jesús en el Huerto de Getsemaní
La Ultima Cena ha sido la despedida, rebosante de cariño
hacia los suyos. Después Jesús va con ellos al Huerto de los Olivos y allí ora
al Padre. Es el momento de aceptar con obediencia de hijo la voluntad divina.
Del Evangelio según San Lucas 22,
39-46
Salió [Jesús] y fue como de
costumbre, al monte de los Olivos; le siguieron también los discípulos. Llegado
al lugar, les dijo: Orad para no caer en tentación. Y se apartó de ellos como a
un tiro de piedra y puesto de rodillas, oraba diciendo: Padre, si quieres,
aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y entrando
en agonía oraba con más intensidad. Y le vino un sudor como de gotas de sangre
que caían hasta el suelo. Cuando se levantó de la oración y llegó hasta los
discípulos, los encontró adormilados por la tristeza. Y les dijo: ¿Por qué
dormís? Levantaos y orad para no caer en tentación.
Comentario En momentos importantes de su vida Jesús reza: vuelve los
ojos al Padre y entabla con Él ese diálogo lleno de confianza, ese diálogo de
amor. Y ahora, en el momento decisivo, recurre a la oración. Es en la intimidad
de la oración donde descubre, donde también nosotros descubrimos, la voluntad
del Padre. Por eso Jesús ha invitado a
los discípulos: "vigilad y orad para no caer en la tentación". Pero
ellos no saben ofrecerle el consuelo de estar a su lado, al menos con la
plegaria. El poco apoyo de sus amigos, la visión de los tormentos, de la muerte
amarga, hace que el Señor sienta tristeza y angustia hasta sudar gotas de
sangre. Vemos en toda su profundidad la humanidad del Señor, perfecto Dios y
perfecto Hombre, que ha querido entregarse hasta el final
Oración: Señor, en la dificultad buscas la
oración, la unión intima con el Padre. Yo, que tantas veces hago mi voluntad, y
me olvido de Ti, quiero pedirte la fuerza para acudir también al Padre en los
momentos de alegría o tristeza, de esperanza o desaliento. Para conocer su
voluntad y aprender a amarla.
Canto: Sí me levantaré (CV 180)
Segunda estación: Jesús es traicionado por Judas,
es arrestado
Los cuatro evangelistas nos relatan este acontecimiento que
tan vivamente debió quedar grabado en sus mentes: Le entrega uno de los Doce,
uno de sus amigos íntimos, que ahora va a la cabeza de los enemigos del Señor.
Del Evangelio según San Lucas
22,47-48.52-54a
Todavía estaba hablando, cuando
llegó un tropel de gente, y el llamado Judas, uno de los doce, los precedía y
se acercó a Jesús para besarle. Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al
hijo del Hombre? (...) Dijo después Jesús a los que habían venido contra él,
sumos sacerdotes, oficiales del Templo y ancianos: ¿Como contra un ladrón
habéis salido con espadas y garrotes? Mientras estaba con vosotros todos los
días en el Templo, no alzasteis las manos contra mi. Pero ésta es vuestra hora
y el poder de las tinieblas. Entonces le prendieron, se lo llevaron, y lo
metieron en casa del Sumo Sacerdote.
Comentario Judas había sido elegido personalmente por Jesús. Era de los
Doce, del grupo inicial que más cerca estuvo de Él: vio sus milagros, escuchó
sus palabras de vida. El Señor había tenido con él gestos de confianza y
predilección. ¿Cuál es la respuesta? La traición. Judas vende a Jesús por
dinero; cambia su amistad por unas monedas. Y la traición, como ocurre en
tantas ocasiones, trata de ocultarse con el disfraz, se viste de apariencia:
con un beso, gesto de amor y amistad Judas entrega a su Maestro, a su amigo. Y
sabe cubrirse las espaldas: junto a él vienen soldados armados. Al Príncipe de
la paz vienen a arrestarlo con armas. ¿Por qué lo hiciste, Judas? ¿Por qué no
supiste reaccionar ante tu error? ¿Por qué desconfiaste del perdón de quien era
todo misericordia?
Oración: Perdóname, Señor, por tantos besos
traidores. Que no responda a tu amor con traición o con indiferencia, y si
tengo la desgracia de alejarme de Ti, dame la serenidad para reconocer mi error
y volver a tu lado.
Padrenuestro
Tercera estación: Jesús es condenado a muerte por
el Sanedrín
Los judíos principales buscan cómo deshacerse de Jesús y
ahora se les presenta la ocasión propicia. No quieren dejarla pasar, por eso le
acusan injustamente y de noche le condenan.
Del Evangelio según San Mateo 26,59-67
Los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio
contra Jesús para darle muerte; pero no lo encontraban a pesar de los muchos
falsos testigos presentados. Por último, se presentaron dos que declararon:
Este dijo: Yo puedo destruir el Templo de Dios y edificarlo de nuevo en tres
días. Y, levantándose, el Sumo Sacerdote le dijo: ¿Nada respondes? ¿Qué es lo
que éstos testifican contra tí? Pero Jesús permanecía en silencio. Entonces el
Sumo Sacerdote le dijo: Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el
Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le respondió: Tú lo has dicho. Además os digo
que en adelante veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y
venir sobre las nubes del cielo. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ya lo veis, acabáis de
oír la blasfemia: ¿Qué os parece? Ellos contestaron: Es reo de muerte.
Comentario En estas horas turbias y oscuras van a condenar a muerte al
Señor. Quieren matarle, y han amañado el juicio. Lo de menos es si aquel hombre
es o no inocente; ellos sólo reparan en que Jesús va contra sus intereses. Y
aunque la Ley prohibía juzgar de noche, y sin oir la defensa del reo, no se
detienen ante nada: convocan el Sanedrín. No les importa la verdad. Por eso,
Jesús calla. Y ahora, que lo vemos frente a sus acusadores, llenos de envidia y
de odio, nos conmueve todavía más ese silencio del Señor ante la acusación
injusta. Nosotros, que tantas veces buscamos quedar bien, porque la verdad resulta
tantas veces incómoda, sentimos el reproche de ese silencio.
Oración: Ayúdame, Señor, a ser siempre
comprensivo con los demás; que nunca les juzgue y menos aun les condene. No
permitas que se introduzca en mi corazón, el cáncer de la envidia.
Avemaría
Cuarta estación: Jesús es negado por Pedro
Pedro habla confesado que Jesús era el Mesías, y el Señor le
había respondido: "tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia". Pero Jesús ahora necesita ayuda, y Pedro flaquea: niega a su
maestro, no una sino tres veces.
Del Evangelio según San Mateo 26,69-75
Entre tanto, Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; se le acercó una
sirvienta y le dijo: Tú también estabas con Jesús el Galileo. Pero él lo negó
delante de todos, diciendo: No sé, de qué hablas. Al salir al portal le vio
otra vez y dijo a los que había allí: Este estaba con Jesús el Nazareno. De
nuevo lo negó con juramento: No conozco a ese hombre. Poco después se acercaron
los que estaban allí y dijeron a Pedro: Desde luego tú también eres de ellos,
pues tu habla lo manifiesta. Entonces comenzó a imprecar y a jurar: No conozco
a ese hombre. Y al momento cantó el gallo. Y Pedro se acordó de las palabras
que Jesús habla dicho: Antes de que cante el gallo, me negarás tres
veces". Y, saliendo afuera, lloró amargamente.
Comentario Pedro había estado con Jesús desde el principio, desde ese
encuentro junto al mar de Galilea, que habla cambiado su vida. Y lo quería de
verdad. Era un hombre sencillo y apasionado; entonces, ¿por qué niega a su
maestro? Pedro, el impulsivo, el que sabe sacar la espada en un momento
delicado, no sabe medir sus palabras, y alardea de que nunca le abandonará:
"aunque todos te nieguen, yo no lo haré". Pedro confía más en si
mismo que en el Señor, se apoya en sus propias fuerzas, y cuando fallan, se
desmorona. Ha entrado en juego la soberbia, se ha fiado más de si mismo que de
la palabra de Jesús. Por eso, cuando llega la hora de la verdad, se deja llevar
por el miedo a quedar mal ante los demás, por los respetos humanos, y surge la
cobardía, el miedo, y la traición.
Oración: Señor, yo también, como Pedro, te
niego en tantas ocasiones... en lo importante y en lo más cotidiano. Y porque
conozco mi debilidad, te pido, Señor, ser humilde en mis palabras y en mis
acciones: que me fie de Ti más que de mí.
Quinta estación: Jesús es juzgado por Pilato
Los judíos han condenado a muerte a Jesús, pero tienen que
ratificar la condena ante los romanos. Por eso, a pesar de ver en ellos unos
usurpadores, recurren a Pilato, el procurador romano, que ha de dar el
consentimiento.
Del Evangelio según San Juan 18, 36-38. 19,
14-16.
Jesús respondió:
Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores
lucharían para que no fuera entregado a los judíos. Pilato le dijo: ¿Luego tú
eres Rey? Jesús contestó: Tú lo dices: yo soy Rey. Para esto he nacido y para
esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la
verdad escucha mi voz. Pilato le dijo: ¿Qué es la verdad? (...) Era la
Paresceve de la Pascua, hacia la hora sexta, y dijo a los judíos: He ahí a
vuestro Rey. Pero ellos gritaron: Fuera, fuera, crucifícalo. Pilato les dijo:
¿A vuestro Rey voy a crucificar? Los pontífices respondieron: No tenemos más
rey que el César. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.
Comentario Pilato ve que le han entregado a Jesús por envidia, por
rencillas religiosas; se da cuenta de que no ha hecho niel a nadie..., pero no
hace nada por salvarle, porque eso le comprometerla. Es la actitud de tantos,
que por no darse un mal rato tratan de pactar con el error, con el pecado. Y
para tranquilizar la propia conciencia, pregunta al Señor: ¿qué es la verdad?
se lo pregunta a Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Pero, aunque
hace la pregunta, no le interesa la respuesta y antes de que le pueda decir
nada, se marcha, no quiere escucharlo. Tiene miedo a agotar la verdad, a que la
verdad le exija más de lo que él quiere dar. Tiene miedo a perder su posición,
y da una sentencia contraria a lo que piensa, lavándose las manos ante su
propia injusticia.
Oración: Señor, en ocasiones vemos claro lo
que tenemos que hacer, pero nos preocupan tanto los juicios humanos, que nos
volvemos atrás. Que sólo nos preocupe, Señor, acomodarnos a lo que Tú quieras.
Padrenuestro
Sexta estación: Jesús es azotado y coronado de
espinas
Pilato quiere congraciarse con los judios y entrega a Jesús
a los soldados para que lo azoten. Para estos romanos es un buen motivo de
entretenimiento. Y, al que llaman el "Rey de los judios", le colocan
una corona de espinas.
Del Evangelio segun san Mateo
27,26-30
Entonces les soltó a Barrabás; y a
Jesús, después de haberle hecho azotar, se lo entregó para que fuera
crucificado. Entonces los soldados del Procuradosr llevaron a Jesús al Pretorio
y reunieron en torno a él a toda la cohorte. Le desnudaron, le pusieron una
túnica roja, y trenzando una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y
en su mano derecha una caña; se arrodillaron ante él y se burlaban diciendo:
Salve, Rey de los judios. Le escupían, le quitaron la caña y lo golpeaban en la
cabeza. Después de reirse de él, le despojaron de la túnica, le pusieron sus
vestidos y lo llevaron a crucificar
Comentario Pilato busca contentar a los judios; y entrega a Jesús a
sus soldados que lo desnudan y lo atan a una columna. Comienzan los azotes sin
asomo de piedad: Uno tras otro descargan sus golpes hasta quedar exhaustos. Se
producen desgarrones, sufridos en un silencio que no sirve para conmoverlos. A
la tortura terrible de los latigazos, se unen los ultrajes, llenos de
frivolidad, de unos inconscientes. El Señor, Rey de los cielos y tierra, se ve
escarnecido con una corona de espinas, con un manto de púrpura. Y así es
presentado por Pilato: "Aquí lo tenéis, éste es el hombre". Nos lo
presenta como deshecho de los hombres y vemos en él a nuestro Dueño, a nuestro
Señor. Porque es el Hijo de Dios que va a reinar en un Reino sin ocaso.
Oración: Señor, te vemos llagado y lleno de
heridas. Nosotros, que tanto cuidamos de nuestro cuerpo quedamos conmovidos de
tu entrega sin límites. . Enséñanos a vivir con humildad y pureza de corazón
con generosidad y desprendimiento; y a respetar nuestro cuerpo que es morada
del Espíritu Santo
Séptima estación: Jesús carga con la cruz
Los romanos emplearon como pena de muerte la crucifixión. El
reo de muerte debía llevar el madero, instrumento de suplicio, hasta el lugar
previsto: fuera de la ciudad, para mostrar más claramente que era un
indeseable.
Del Evangelio según San Juan
19,16-17
Entonces Pilato se lo entregó para
que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y él, con la cruz a cuestas,
salió hacia el lagar llamado de la Calavera que en hebreo se dice Gólgota.
Comentario Jesús toma la cruz. La abraza. Y le
pesa. Le abre las heridas de sus hombros llagados. Es cruz redentora. ¡Qué duro
se hacen los pasos por la Via Dolorosa! En torno a Él se forma un cortejo de
curiosos y de gente sin escrúpulos que aprueba la injusticia. Pero, a pesar de
su debilidad, avanza sudoroso y sediento, con una sed de amor. ¡Nosotros, ahora, no podemos permanecer impasibles ante el Señor que
carga con todas nuestras debilidades. Porque la cruz, que era signo de oprobio,
va a ser instrumento de nuestra salvación. Y al contemplar a Jesús sentimos en
nuestro interior, una vez más, su invitación constante: "Si alguno quiere
venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz de cada día y
sígame".
Oración: Señor ¿y yo? ¿tomo mi cruz, la
mía, la de cada día, la que tanto me cuesta y tanto me santifica? Que no le
tenga miedo a la cruz, a esa cruz del dolor, de la enfermedad, de las
incomprensiones, de las derrotas. Que sepa ver en ella la voluntad de Dios;
porque la cruz, llevada con gallardía es santificante, es redentora. Enséñame,
Señor, a amar la cruz, a abrazarme a ella.
Canto: Perdona a tu pueblo (CV149)
Octava estación: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar
la cruz
A Jesús le fallan las fuerzas. Pero los soldados quieren que
llegue hasta el lagar de la ejecución. Y obligan a un hombre, Simón de Cirene,
que viene de su trabajo, a llevar durante un trecho la cruz del Señor.
Del Evangelio según San Lucas 23, 26
Cuando le llevaban echaron mano de
un tal Simón de Cirene, que venia del campo y le cargaron la cruz para que la
llevara detrás de Jesús.
Comentario A veces nos encontramos con la cruz sin buscarla. Simón de
Cirene tampoco contaba pensaba encontrarse con el Señor. Habla realizado, como
todos los días, su trabajo en el campo, y volvía a casa para el merecido
descanso. Sin embargo, los planes de Dios, son distintos y se le exige un
esfuerzo añadido. Jesús sale a buscamos cuando menos lo esperamos, y nos pide
que le ayudemos a llevar tantas cargos... La redención no es una empresa que
hizo el Hijo de Dios, y como tal ya está olvidada. El Señor nos pide que seamos
corredentores, que seamos sus hombros en nuestro camino por la vida. Y eso, a
pesar de que nuestros planes sean muy distintos. Hemos de saber "cambiar
nuestros planes" ante cualquier insinuación del Señor, como Simón.
Oración: Señor, estás fatigado y nos pides ayuda: has querido necesitar de
nuestro apoyo. Enséñanos a tener la humildad de pedir ayuda cuando lo
necesitemos. Enséñanos también a ser los cireneos de los demás, sin
humillarlos. .
Padrenuestro
Novena estación: Jesús encuentra a las
mujeres de Jerusalén
Jesús carga con la cruz y crece en torno a Él la expectación
y la curiosidad: hay gente de todo tipo y condición, entre ellos algunas
mujeres, que se lamentan al ver la injusticia que se está cometiendo contra aquel
inocente.
Del Evangelio según san Lucas 23,
27-31
Le seguía una gran multitud del
pueblo y de mujeres, que lloraban y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a
ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mi, llorad más bien por
vosotras y por vuestros hijos, porque he aquí que vienen días en que se dirá:
dichosas las estériles y los vientres que no engendraron y los pechos que no
amamantaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: caed sobre nosotras; y a
los collados: sepultadnos; porque si en el leño verde hacen esto, ¿qué se hará
en el seco?
Comentario Muchas veces vemos pasar a nuestro lado el dolor: en
algunas ocasiones lo padecemos en nuestra propia carne; en otras, quizá no
menos dolorosas, lo sentimos a nuestro alrededor: claro y rotundo. El misterio
del dolor. Pero no nos engañemos; no valen los lamentos estériles, ni siquiera
la "resignación cristiana", sino volver la mirada hacia Jesús, que
quiso cargar con el peso de todos nuestros pecados. Es el momento de contemplar
a Jesús doliente, que nos invita a purificar ese lamento. A derramar, más bien,
las lágrimas por nuestros pecados y por los ajenos. Nos invita al verdadero
consuelo: perdonar a los enemigos, desagraviar por tantas faltas de amor, dar
esa ayuda eficaz para que el pecador se arrepienta y vuelva los ojos a Dios.
Oración: Señor, enséñanos a acoger el dolor
como un don que nos acerque a Ti. Que no nos rebelemos cuando las cosas no
salen según nuestros deseos. Enséñanos,
Señor, a tener un corazón a la medida del tuyo, que nos lleve a compadecernos
de los que sufren y a tratar de consolarlos y ayudarles en sus necesidades.
Décima estación: La crucifixión del Señor
Jesús llega al Calvario y allí le despojan de sus
vestiduras. Así, desnudo, para mayor vergüenza, lo clavan en la cruz.
Del Evangelio según San Marcos 15,
22-27
Y lo llevaron al lagar del Gólgota, que significa
lugar de la Calavera. Y le daban a beber vino con mirra, pero él no aceptó.
Y le crucificaron y repartieron sus ropas, echando suertes sobre ellos para
ver qué se llevaba cada uno. Era la hora tercia cuando lo crucificaron. Y el
titulo de la causa tenla esta inscripción: El Rey de los Judíos.. También
crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.
Comentario Esta es la respuesta del hombre a la condescendencia de
Dios, que se abaja hasta nosotros: desgarrones al quitarle sus vestidos,
martillazos que clavan sus manos al madero, una lanzada que rompe su corazón
entregado por nosotros. Al dolor se junta, la indiferencia, la ingratitud... La
cruz, signo de oprobio, de fracaso, de negación, va a convertirse en signo de
redención, de triunfo. Las palabras de Jesús adquieren ahora su pleno
cumplimiento: "Cuando fuera excitado sobre la tierra atraeré a todos hacia
mi". El Hijo de Dios nos está invitando a poner la cruz, su cruz, la cruz
santificante, santificadora, en la entraña de nuestro ser y nuestro obrar.
Porque desde que Cristo subió a la cruz, lo que era patíbulo de bandidos se ha
transformado en camino de salvación, en signo de victoria, en trono real.
Oración: Señor, te has entregado hasta el
final, con el desprendimiento más radical. Te has quedado sin nada; sólo con la
cruz. Que aprenda, Señor, de la desnudez de la cruz. Que sepa prescindir de
tanto superfluo como hay en mi vida: dinero, comodidad, deseo de poder, que
tantas veces me lleva a la insatisfacción, a la tristeza. Que te ame, Señor,
sin guardarme nada para mi.
Canto: Victoria tu reinarás (CV223)
Onceava estación: Jesús promete su reino al ladrón
bueno
A la derecha e izquierda de Jesús han crucificado a dos
malhechores. Y mientras uno lo insulta, el otro reconoce sus errores y se da
cuenta de la grandeza del que va a morir junto a él.
Del Evangelio según San Lucas 23,39-43
Uno de los ladrones crucificados le injuriaba diciendo: ¿No eres tú el
Cristo? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro le reprendía: ¿Ni
siquiera tú que estás en el mismo suplicio, temes a Dios? Nosotros, en verdad,
estamos merecidamente, pues recibimos lo debido por lo que hemos hecho; pero
éste, no hizo mal alguno. Y dacia: Jesús, acuérdate de mi, cuando llegues a tu
Reino. Y le respondió: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.
Comentario Allí está Jesús, cosido al madero,
contado entre los malhechores. Estas dos vidas, que también se están apagando
junto a El, son el ejemplo de tantas existencias apartadas de Dios; apartadas
incluso de los hombres, porque están ancladas en el egoísmo, en la
desesperanza, en la falta de ideales nobles. A pesar de las propias limitaciones
y errores, no podemos tener una visión pesimista y oscura de la propia vida. La
misericordia y la gracia de Dios son más grandes que nuestros fallos. La
promesa de Cristo al buen ladrón es una invitación a luchar por amor hasta el
último instante. No podemos tener miedo a acogernos al perdón de Dios. No nos
ha de preocupar perder alguna escaramuza, lo importante es luchar por ganar la
última batalla.
Oración: Señor, nos vemos pecadores, y nos
avergüenza no haber estado, no estar, a la altura de las circunstancias. Que
sepamos, Señor, estar muy pegados a Ti; y que te "robemos" el cielo,
como hizo el ladrón arrepentido.
Padrenuestro
Duodécima estación: Jesús colgado en la cruz, su
Madre, el discípulo
La profecía del anciano Simeón se cumple ahora en Mar'a: la
Madre de Jesús está en el Calvario, al pie de la cruz, contemplando la agonía
de su Hijo. Junto a ella Juan, el discípulo amado. Y algunas santas mujeres.
Del Evangelio según San Juan 19, 25-27.
Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su
madre, Mar'a de Cleofás, y Mar'a Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al
discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a
tu hijo. Después, dice al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquel momento
el discípulo la recibió en su casa.
Comentario La Santísima Virgen ha querido asociarse a la obra de
nuestra salvación. Unida especialmente a su Hijo, su corazón de madre se ve
traspasado por un dolor hecho de entrega. Ella, que dijo al ángel: "hágase
en mi según tu palabra", vuelve ahora a renovar esa entrega total,
absoluta a los planes de Dios.
Contempla Jesús a su Madre y se cruza entre ellos una mirada
de ternura, de amor sin tasa. No ha querido reservarse nada y nos la entrega.
María es ya madre de todos los creyentes, porque ha creído contra toda
esperanza que se cumplirían las promesas de Dios. Y el Señor nos invita también
a nosotros, como a Juan, a acogerla en nuestro interior, a tener plena
confianza en ella, a poner en sus manos nuestras preocupaciones y alegrías,
para que las presente al Padre.
Oración: Santa María, Madre de Jesús y Madre
nuestra, tú, que estuviste asociada más íntimamente que nadie al misterio del
sufrimiento redentor de Cristo, enséñanos a permanecer unidos a Él y a Ti como
hizo Juan, el discípulo amado.
Avemaría
Décimo tercera estación: Jesús muere en la cruz
Son las tres de la tarde. El sufrimiento llega hasta el
limite. Pero antes de morir, Jesús perdona a sus verdugos, y en actitud
profunda de oración y de obediencia, entrega su vida al Padre. Se ha consumado
la redención.
Del Evangelio según San Marcos IS,
33-37.
Y al llegar la hora sexta, toda la tierra se cubrió
de tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona exclamó Jesús con
fuerte voz: Eloí, Eloí, ¿lamá sabacthaní? que significa: Dios mio, Dios mio,
¿por qué me has desamparado? Y algunos de los que estaban cerca, al
oírlo decían: Mirad, llama a Elías. Uno corrió a empapar una esponja con
vinagre y, sujetándola a una caña, le daba de beber, mientras dacia: Dejad,
veamos si viene Ellas a bajarlo. Pero Jesús, dando una gran voz, expiró".
Comentario Colgado del madero, sólo y abandonado de todos, Jesús
quiere abrazar a todo hombre. A cada uno de nosotros. Se ha inmolado hasta el
sacrificio supremo. Quiere apurar el cáliz hasta la última gota y hace aprenda
de su vida al Padre. Todo queda consumado. Las tinieblas y la oscuridad llenan
la tierra porque el hombre no ha querido reconocer la luz verdadera. Jesucristo
ha traspasado la barrera de la muerte, se ha dejado arropar por ella. También
en esto nos da ejemplo: no teme a la muerte, porque la muerte no es el final,
porque la muerte es el paso que nos lleva a la vida verdadera, a la vida eterna
que Dios ha preparado para sus hijos. ¡Jesucristo con su muerte y resurrección
nos ha concedido la herencia eterna; somos ya hijos de Dios!
Oración: Señor, has bebido el cáliz de la pasión hasta el final. Tú dijiste que
"no hay mayor amor que el de dar la vida por los amigos". Has dado tu
vida por amor. Haz que yo aprenda a entregar mi vida a Ti y a los hermanos que
me necesiten.
Canto: Cristo nos da la libertad
(CV54)
Décimo cuarta estación: Jesús es colocado
en el sepulcro
Nicodemo y José de Arimatea, discípulos ocultos de Jesús,
piden su cuerpo a Pilato para darle sepultura. Lo desclavan piadosamente, lo
envuelven en un sudario y lo colocan en un sepulcro nuevo que está en un huerto
cercano.
Del Evangelio según San Marcos 15,
42-47.
Y llegada ya la tarde, puesto que era la Parasceve,
que es el día anterior al sábado, vino José de Arimatea, miembro ilustre del
Consejo, que también él esperaba el Reino de Dios y, con audacia, llegó hasta
Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiera
muerto y, llamando al centurión, le preguntó si efectivamente habla muerto. Cerciorado
por el centurión, entregó el cuerpo a José. Entonces éste, habiendo comprado
una sábana, lo bajó y lo envolvió en ella, lo depositó en un sepulcro que
estaba excavado en una roca e hizo arrimar una piedra a la entrada del
sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban donde era colocado.
Comentario José de Arimatea y Nicodemo son ahora, en los momentos más
difíciles, cuando todos huyen, los que dan la cara. Se preocupan del cuerpo del
maestro, ofreciéndole lo único que pueden: un lagar para su reposo. El que
nació sin nada, yace ahora en un sepulcro que no es suyo. Se ha despojado de
todo, de su propia vida, para que nosotros vivamos la Vida de los hijos de
Dios. Es tiempo de espera. Es la hora del silencio, de descubrir que nuestro
lugar definitivo no es la tierra, sino que estamos hechos para el cielo. Y
sentimos la esperanza de que Cristo resucitará, de que todo es posible si damos
cauce a nuestro amor. Porque todo no acaba en la cruz. El Señor ha vencido a la
muerte. Va a resucitar glorioso y triunfa para siempre en el cielo, a la
derecha del Padre.
Oración: ¡Tú, Señor, has
muerto por nosotros, y no nos podemos quedar parados, sin hacer nada! Haznos
descubrir, Señor, que hay mucho que cambiar en nuestra vida; que es hora de
tomar decisiones, de empeñarnos en ser como Tú quieres, respondiendo a lo que
nos pides. ¡Nunca es demasiado tarde!
Padrenuestro