El buen Samaritano:
La misericordia 
y el amor eficaz al prójimo

 

Canto de entrada:

Camina pueblo de Dios (CV 33) , camina pueblo de Dios, nueva ley, nueva alianza en la nueva creación. Camina, pueblo de Dios; camina pueblo de Dios.

Mira allá en el Calvario, en la roca hay una cruz, muerte que engendra la vida, nuevos hombres, nueva luz. Cristo nos ha salvado con su muerte y resurrección: todas las cosas renacen en la nueva creación.

 

 

Saludo del sacerdote:

En el nombre del padre, del Hijo y del ES

El perdón de nuestro Padre Dios y la salvación de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

Nos estamos preparando para celebrar la Pascua del Señor. Es algo así como morir, para poder resucitar con él. Algo así como clavar nuestros pecados en el madero de la cruz, para revestirnos de la vida nueva del Espíritu. Pero ¿cómo es esa vida nueva?. En esta celebración queremos mirarnos en el espejo de Cristo, para medir la distancia entre su vida y la nuestra, para sopesar lo que nos sobra y lo que nos falta, para sentir la necesidad de la conversión y abrirnos a la gracia del Espíritu

Comenzamos recitando juntos la oración

Oración

Bendito seas, Padre,

que en tu infinito amor nos has dado a tu Hijo unigénito.

Que los discípulos de tu Hijo brillemos por el amor hacia los pobres y oprimidos,

que seamos solidarios con los necesitados y generosos con nuestro tiempo y dinero;

que seamos indulgentes con nuestros hermanos-

INTERIORIZACIÓN (en silencio con música de fondo)

No nos cansamos de bendecir el infinito amor del Padre, de quien procede toda gracia y todo don. El Padre es el gran punto de referencia, sin El nuestra vida caería en el absurdo y el vacío.

Nos has dado a tu Hijo. Tanto nos amó, que nos dio a su Hijo único. Cristo es nuestra medicina, nuestra gracia, nuestra liberación.

Brille nuestro amor en el mundo. Si Dios ha derramado tanto amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, si hemos sido infinitamente amados ¿cómo no resplandecer, responder con amor al Amor?

Amor especial a los pobres y necesitados. Jesús es el Dios que hace opción por los pobres, los pequeños, los que sufren. También nosotros debemos acercarnos para volcar sobre ellos el amor de Dios y la gracia liberadora.

Indulgente con los hermanos. El que ha recibido mucha indulgencia tiene que ser indulgente. Indulgencia significa aquí comprensión, tolerancia, paciencia, perdón, misericordia.


Evangelio: Lc 10, 25-37

Se levantó entonces un doctor de la ley y le dijo para tentarlo: «Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?». Jesús le respondió: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». Él le contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo». Jesús le dijo: «Has respondido muy bien; haz eso y vivirás». Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?».Jesús respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó entre ladrones, que le robaron todo lo que llevaba, le hirieron gravemente y se fueron dejándolo medio muerto. Un sacerdote bajaba por aquel camino; al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Igualmente un levita, que pasaba por allí, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Pero llegó un samaritano, que iba de viaje, y, al verlo, se compadeció de él; se acercó, le vendó las heridas, echando en ellas aceite y vino; lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente sacó unos dineros y se los dio al posadero, diciendo: Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta. ¿Quién de los tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?». Y él contestó: «El que se compadeció de él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

 

Homilía: Las actitudes del buen samaritano

Diez pinceladas sobre el buen samaritano:

El samaritano se ha puesto en camino. No se queda esperando en casa.

Lleva vendas, aceite y vino. No va con las manos vacías. Está equipado y capacitado para hacer el bien.

Ve al herido, al borde del camino, excluído. Tiene ojos limpios y atentos.

Se mueve a compasión, es misericordioso, participa del corazón de Dios.

Se acerca al herido, sin preguntar las circunstancias y las consecuencias. No da rodeos, no calcula los gastos, el tiempo, las diferencias, las razones para no acudir. Se mueve por una corazonada. ¿Qué será de él si no me acerco? No: ¿qué me pasará a mí si le ayudo? No hace lo del sacerdote y el levita, lo de Caín: ¿yo que tengo que ver con mi hermano?

Lo cura con vino y aceite, sobre todo con amistad y ternura, con lo que tiene y lo que puede.

Lo levanta, lo libera, lo dignifica, para que sea persona, para que no tenga que depender de los demás.

Paga los gastos, hasta que sea curado y rehabilitado. No es una ayuda mezquina y pasajera, sino generosa y responsable. Nada le unía a ese hombre, pero se ha cruzado con él en el camino, ha sabido dar respuesta, ha cargado con él. No una carga penosa, sino fraterna y liberadora. Ya no lo dejará hasta que el otro sea verdaderamente persona. Es una ayuda solidaria, educativa, liberadora.

Y el otro era un judío, él un samaritano. Su prójimo era un enemigo, cultural y religiosamente opuestos, étnica y socialmente enfrentados. Pero el amor destruye prejuicios, diferencias y rivalidades. El amor no se para ante ninguna barrera. El amor no tiene límite. ¿Quién será pues, mi próximo? Pues el que salga a tu encuentro, el que te necesite, aunque sea desconocido, aunque sea de otra raza, religión o cultura, aunque sea tu mayor enemigo.

El sacerdote y el levita, dedicados a las cosas de Dios, hombres tan creyentes y tan religiosos, fueron egoístas e irresponsables, sin misericordia, sin corazón. Buscaban a Dios en sus ritos y su Templo, y no supieron ver a Dios que agonizaba en el camino. En cambio, el samaritano, un ignorante religioso, un medio ateo, dio la respuesta acertada, supo encontrar a Dios. Era porque estaba más cerca de El, aunque no frecuentara el Templo. Era porque se parecía más a El, porque tenía los sentimientos de Dios.¡


Examen de conciencia:

La fe: ¿me preocupo por mantener mi fe en Dios? ¿mantengo una relación con el Señor a través de la oración y los sacramentos?¿doy testimonio público de mi fe? ¿mantengo mi aprecio por la Iglesia?

La esperanza: ¿soy persona de esperanza o siembro la desesperanza a mi alrededor? ¿ando quejándome siempre de todo y de todos? ¿mis comentarios son constructivos? ¿aprendo a descubrir la bondad en lo que me rodea? ¿mi corazón está amargado? ¿soy incapaz de perdonar y pedir perdón?

La caridad: En mi modo de vivir, ¿reflejo el rostro misericordioso de Dios o lo desfiguro? ¿Abro mis ojos y mi corazón a las necesidades de los pobres y excluídos, a las nuevas formas de esclavitud que afectan a personas y pueblos enteros?¿Me preocupo por la situación de los emigrantes? ¿estoy al tanto de la ley de extranjería que se debate en nuestro país? ¿Acumulo tesoros en la tierra en lugar de ser rico ante Dios? ¿Soy austero en mi vivir? ¿Comparto mis bienes? ¿En qué medida? ¿Doy para la solidaridad al menos el 0,7% de mis ingresos?

Canto:

1. Cristo te necesita para amar, para amar, Cristo te necesita para amar. (bis)

No te importen las razas ni el color de la piel,

ama a todos como hermanos y haz el bien, (bis)

Al que sufre y al triste dale amor, dale amor: al humilde y al pobre dale amor. Al que vive a tu lado, dale amor, dale amor: al que viene de lejos dale amor .

Al que habla otra lengua, dale amor, dale amor; al que piensa distinto, dale amor. Al amigo de siempre, dale amor, dale amor; y al que no te saluda, dale amor

 

Confesión general:

Recordando hermanos, la bondad de Dios, nuestro Padre, confesemos nuestros pecados, para alcanzar su misericordia y perdón.

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos que he pecado mucho, de pensamiento, palabra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, a los ángeles y a los santos y a vosotros hermanos que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor.

Todos:

Perdón, Señor, por mis egoísmos, por mi insolidaridad, por la dureza de mi corazón.

Perdón, Señor, por mi ceguera, por mis prejuicios, por mis intolerancias.

Perdón, Señor, por mi comodidad, por mis apegos, por mis ambiciones.

Perdón, Señor, por mi debilidad, por mis miedos, por mis refugios.

Perdón, Señor, por mis orgullos, por menospreciar a los demás.

Perdón, Señor, por mi individualismo e insolidaridad.

Perdón, Señor, por no descubrir a Cristo en el pobre, a Dios en el hermano.

Perdón, Señor, tú que eres pobre y humilde, servicial y solidario, generoso y compasivo, danos un corazón grande para amar

 

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén


 

Padrenuestro:

Y ahora, con las mismas palabras que Cristo nos enseñó, pidamos a Dios Padre que perdone nuestros pecados y nos libre de todo mal. Padrenuestro que....

Signo penitencial y avisos sobre la confesión:

Dejamos unos sobres para que depositeis vuestro donativo para Cáritas como signo penitencial. Y pasamos ahora a recibir la absolución delante de los sacerdotes

Oración final:

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.

Donde haya odio, que yo ponga amor.

Donde haya ofensas, que yo ponga perdón.

Donde haya discordia, que yo ponga unión.

Donde haya error, que yo ponga verdad.

Donde haya duda, que yo ponga fe.

Donde haya desesperación que yo ponga esperanza.

Donde haya tinieblas que yo ponga luz.

Donde haya tristeza, que yo ponga alegría.

 

Haz que yo no busque tanto ser consolado, como consolar;

ser comprendido como comprender; ser amado como amar.

 

Porque dando es como se recibe,

olvidándose de sí mismo es como uno se encuentra a sí mismo.

Perdonando es como se obtiene perdón.

Muriendo es como se resucita para la vida eterna.

 

 

Bendición:

El Señor esté con vosotros...

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.....