VOLVER A LA CASA DEL PADRE
Celebración penitencial de Cuaresma |
Canto de entrada: Camina pueblo de Dios (CV 33) , camina pueblo
de Dios, nueva ley, nueva alianza en la nueva creación. Camina, pueblo
de Dios; camina pueblo de Dios. 1. Mira allá en el Calvario, en la
roca hay una cruz, muerte que engendra la vida, nuevos hombres, nueva luz.
Cristo nos ha salvado con su muerte y resurrección: todas las cosas
renacen en la nueva creación.
Saludo del sacerdote: En el nombre del padre, del Hijo
y del ES El perdón de nuestro Padre Dios y la salvación de
nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros. El canto de
entrada nos ha recordado que somos caminantes, caminantes que vamos por la vida
buscando el hogar definitivo, la casa donde podamos descansar y ser felices
para siempre. Ese hogar y esa casa son los brazos de nuestro Padre Dios.
Muchas veces hemos equivocado el camino, muchas veces hemos renegado de nuestro
ser hijos de Dios. Pero hoy queremos experimentar su abrazo. Queremos gozar
de su ternura y su misericordia. Dejamos pues que la paz del Señor
llene nuestro corazón y dispongámonos a celebrar con alegría
este encuentro con el Dios de la Misericordia.
Salmo 51
Comenzamos recitando el salmo 51. Es la oración penitencial por
excelencia del Antiguo Testamento. El orante reconoce sinceramente su pecado y
se presenta ante el Señor en actitud humilde. No aduce excusas, no
tiene nada que alegar para justificarse ante Dios. Simplemente recurre
confiadamente a su inmensa compasión. Hacemos nuestras las palabras del
Salmo, reconociéndonos pecadores pedimos al Señor su misericordia.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad por tu inmensa
compasión borra mi culpa. Que mi alma quede limpia de malicia, purifícame
tú de mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa, y mi pecado está siempre ante mí;
contra ti, contra ti sólo pequé, lo que es malo a tus ojos yo
lo hice. Por eso en tu sentencia tú eres justo, no hay
reproche en el juicio de tus labios. Mira, en la culpa nací, pecador
me concibió mi madre.
Mas tú quieres rectitud de corazón, y me enseñas en
secreto lo que es sabio. Rocíame con agua, y quedaré limpio; lávame
y quedaré más blanco que la nieve.
Haz que sienta otra vez júbilo y gozo que se alegren los huesos
quebrantados. Aparta tu semblante de mis faltas, borra en mí todo
rastro de malicia. Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme; No me rechaces lejos
de tu rostro ni me retires tu Espíritu Santo.
Devuélveme la alegría de la salvación, afiánzame
con tu espíritu generoso. Mostraré tu camino a los que pecan,
a ti se volverán los descarriados.
Líbrame, oh Dios, de los delitos de sangre, Dios de mi salvación,
y aclamará mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios y
cantará mi boca tu alabanza.
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo Como era en el
principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas:
(15,1-3.11- 32) Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él
para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este
acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola.
«Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre,
dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió
la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió
todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su
hacienda viviendo como un libertino. «Cuando hubo gastado todo, sobrevino
un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.
Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país,
que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su
vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las
daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos
jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me
muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré:
Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo
tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose,
partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos,
le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello
y le besó efusivamente. El hijo le dijo: "Padre, pequé
contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero
el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle,
ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo
cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío
estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y
comenzaron la fiesta. «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver,
cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y
llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El
le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado,
porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería
entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a
su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé
de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una
fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha
devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo
cebado!" «Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás
conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta
y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida;
estaba perdido, y ha sido hallado."» Palabra del Señor.
Homilía: Volver a la
casa del Padre, ésta debe ser nuestra actitud básica de nuestra
vida. Si pensamos un poco, toda nuestra vida es una vuelta a la casa del Padre.
Algunos, como el hijo pequeño, nos alejamos de Dios pensando que la
religión era cosa de niños, o que simplemente era demasiado utópico
el ser cristianos. Dejamos la casa de Dios y nos metimos de lleno en la casa
del dinero, del placer, del egoísmo. Y en estas casas hemos descubierto
que no somos felices, que nos falta lo fundamental, los demás son
enemigos y competidores. Y nos sentimos mal, vacíos a pesar de que quizás
tenemos todas las comodidades, y sentimos hambre, hambre de pan y hambre de
amor. Además, incluso los que quizás creemos que nunca nos hemos
ido de la casa de Dios, necesitamos, como el hijo mayor, convertirnos a ese
corazón de Dios que siempre está dispuesto a acoger, a perdonar,
a hacer una fiesta con el hijo perdido. Todos necesitamos emprender el camino
de regreso a la casa del Padre. Volver de esas situaciones de pecado en que
vivimos, y dejarnos abrazar por el amor misericordioso de nuestro Padre Dios.
El sacramento de la penitencia no tiene otro sentido que el de recuperar esa
relación filial con Dios que quizás hemos perdido por olvido,
comodidad, dejadez o porque hemos preferido vivir de espaldas a Dios. La casa
de Dios, es nuestro verdadero hogar, porque el ser humano sólo encuentra
el sentido de su vida cuando es capaz de mirar a los demás como hermanos
y a Dios como Padre. Ojalá salgamos de esta celebración con el
corazón lleno de misericordia, contagiados por esta misericordia del
Padre, que vamos a sentir y vivir aquí.
Examen de conciencia:
Como el hijo nos hemos alejado de Dios
· por el olvido. No guardamos su palabra. No vivimos en su presencia.
Nuestra oración es escasa, rutinaria. No hay verdadero diálogo con
Dios. No estamos a la escucha. Nuestra relación con Dios no es
permanente ni llega al corazón.
· por los apegos a las cosas. Estamos volcados hacia las cosas.
Estamos ocupados y preocupados por tener más y más. Dinero,
comodidad, placeres, cosas... Sentimos nuestro corazón vacío y
creemos que llenándolo de cosas podremos calmar la sed de plenitud que
tenemos.
· por la dureza de corazón. Nos hemos hecho insensibles al
sufrimiento ajeno. Preferimos encerrarnos en nuestro mundo. ¡Los demás
que arreen con sus cosas! Lo importante es pasarlo bien, lo mejor posible.
La solidaridad es cosa de tontos, la compasión es cosa de débiles.
Aquí lo que cuenta es competir y ser el mejor. El pobre y el débil
que se aguanten.
· por la vaciedad con que vivimos. Sin casi darnos cuenta hemos dejado
perder los valores y la moral. Ahora consideramos que todo se puede hacer
mientras no te pillen. Cada uno es libre de hacer lo que quiera mientras no se
meta con el vecino. Y de trabajar para cambiar el mundo, nada. Que eso cuesta
mucha incomodidad. ¡Que lo arreglen otros!
También como el hijo mayor, puede que viviendo en casa del
Padre estemos alejados de Dios · por la crítica despiadada y
los juicios. Juzgamos a los demás, estamos siempre dispuestos a ver sus
defectos. Les miramos con malicia. Criticamos una y otra vez, y no
descansamos hasta hacer polvo la fama y dignidad de las personas. ·
por la envidia. No soportamos que el otro tenga algo bueno. Sentimos envidia
de todo. Somos mezquinos, incapaces de alegrarnos con el bien ajeno. ·
por la cobardía. Cobardes para testimoniar nuestro cristianismo.
Cobardes para desmarcarnos de lo que se lleva, del qué dirán.
Cobardes para reconocernos pecadores y necesitados de perdón y
misericordia.
· por la falta de misericordia. Somos cristianos, venimos a misa,
participamos en los sacramentos, pero nuestro corazón está lejos
del corazón del Padre que hace llover sobre buenos y malos, que acoge a
los pecadores y perdona a sus hijos.
Silencio: (Música ambiental)
Confesión general: Recordando hermanos, la
bondad de Dios, nuestro Padre, confesemos nuestros pecados, para alcanzar su
misericordia y perdón.
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos que he pecado
mucho, de pensamiento, palabra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa,
por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María, a los ángeles y a
los santos y a vosotros hermanos que intercedáis por mí ante Dios
nuestro Señor. Todos:(intercalando la invocación cantada:
Perdón, Señor, Perdón)
· Perdón Señor, porque muchas veces hemos olvidado
lo que somos: tus hijos. Perdón también por olvidar que los demás
son nuestros hermanos. R/: Perdón Señor, perdón
· Perdón Padre por gastar nuestra vida en cosas inútiles,
por dejarnos llevar por los vicios, y por olvidarnos de tí.. R/: Perdón
Señor, perdón
· Perdón Señor, por nuestra mediocridad, por nuestra
falta de testimonio, por nuestra falta de caridad y solidaridad con todos los
hombres, nuestros hermanos. R/: Perdón Señor, perdón
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos lleve a la vida eterna. Amén.
Padrenuestro: Y ahora, con las mismas palabras
que Cristo nos enseñó, pidamos a Dios Padre que perdone nuestros
pecados y nos libre de todo mal. Padrenuestro que....
Signo evangélico: Ahora, recordando el
abrazo que el Padre da a su hijo, vamos a repetir ese abrazo, los sacerdotes
nos pondremos delante y os abrazaremos a todos los que queráis pasar.
Mientras tanto cantamos Sí me levantaré, volveré
junto a mi Padre (CLN 107)
Sí, me levantaré, Volveré junto a mi Padre 1. A tí,
Señor, elevo mi alma. Tú eres mi Dios y mi Salvador 2. Mira mi
angustia, mira mi pena, dame la gracia de tu perdón. 3. Mi corazón
busca tu rostro; oye mi voz, Señor, ten piedad. 4. A tí, Señor,
te invoco y te llamo: Tú eres mi Roca, oye mi voz. 5. No pongas fin a tu
ternura, haz que me guarde siempre tu amor. 6. Sana mi alma y mi corazón,
porque pequé, Señor, contra tí.
Oración final:
Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo
que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal
que tu plan vaya adelante en toda la humanidad y en mí. Ilumina mi
vida con la luz de Jesús. No vino a ser servido, sino a servir. Que mi
vida sea como la de El: servir. Grano de trigo que muere en el surco del mundo.
Que sea así de verdad, Padre. Te confío mi vida. Te la doy.
Condúceme. Envíame aquel Espíritu que movía a Jesús.
Me pongo en tus manos, enteramente, sin reservas, con una confianza absoluta
porque Tú eres... MI PADRE.
Bendición: El Señor esté con
vosotros... Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu
Santo.....
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