Proyecto de Fraternidad de Vida

(Miguel Angel Gimeno)

Marco Comunitario.

Preámbulo.

 

            El proyecto de la "comunidad de vida" pretende posibilitar el vivir día a día la realidad de la fraternidad de vida. Está dirigido a seglares de ambos sexos y estados de vida.

Es un proyecto que posibilita el discernimiento del proyecto personal de vida desde la experiencia de la fraternidad articulada en dos posibilidades;

*  bien como llamada vocacional carismática,

* bien como experiencia de fraternidad temporal desde la que discernir vocacionalmente el citado proyecto de vida.

El principio configurador del proyecto es la "Comunión" ("común-unión") articulado en torno a la "común-unión" de fe y vida, la "común-unión" de la oración, la "común-unión" de bienes y la "común-unión" con los pobres.

 

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Relación con Dios.

 

La fraternidad de vida se fundamenta en la experiencia de creer que nuestro principio y fundamento radica en ser criaturas, hijos del Padre que en consecuencia vive la llamada a mirar y a relacionarse con el otro como hermano en la fraternidad.

            En base a esta convicción de fe la relación con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo la vivimos como la fuente privilegiada de experiencia de fraternidad con los hermanos que compartimos el proyecto de fraternidad de vida, los hermanos con los que compartimos la fraternidad de fe y los hermanos más pobres.

            Así el proyecto posibilita vivir la experiencia cotidiana de relación con Dios en el seno de la fraternidad de vida mediante:

* la celebración semanal de la eucaristía como celebración central de la fraternidad y expresión del misterio pascual.

* la oración comunitaria diaria de vísperas o laúdes donde es fundamental la escucha de la Palabra de Dios a través de la escucha de la Escritura, la oración sálmica, la escucha del perdón, la oración de resonancia y la escucha de la necesidad y gratitud del hermano;

* las celebraciones comunitarias semanales de la Palabra previas 

a la eucaristía de cada Domingo;

            * y los retiros donde la comunidad se dota de los medios adecuados de escucha pausada y en discernimiento de la Palabra de Dios.

 

            La adecuada "preparación" y "participación" son medios que preparan la escucha y expresión gozosa. La comunidad articulará en cada momento litúrgico ordinario la presencia de la Escritura. En los tiempos litúrgicos fuertes se proclamarán las dos lecturas propias del ciclo litúrgico correspondiente.

Obviamente si el proyecto comunitario de las respectivas comunidades de fe posibilita vivir las mediaciones anteriores o algunas de ellas, es en su seno donde se han de vivenciar.

 

Relaciones fraternas

 

La experiencia de creernos criaturas, hijos e hijas del Padre fundamenta nuestra experiencia de fraternidad como don y tarea, llamada futura, ya sí pero todavía no. Es esta experiencia la que nos posibilita vivirnos como "mediación" de la Palabra y del rostro del Dios de Jesús para con los hombres y mujeres con los que vivimos y de modo especial para aquellos que hemos sido convocados a esta experiencia de fraternidad.

Desde aquí vivimos que el sentido, la razón de ser y lo específico de nuestra identidad cristiana se juega en vivirnos como "mediación" de la mirada y palabra del Dios de Jesús para con éste hermano y esta hermana que comparte conmigo su vida, su fe, su oración y sus bienes. Esta convicción genera una experiencia de vínculación y relación específica propia de la fraternidad de vida. Este vínculo conlleva un componente obvio de compromiso y entrega, de don y regalo, de amar y ser amado, en definitiva, de encarnación del misterio pascual de muerte y vida.

            En este contexto de fraternidad son centrales y decisivas las relaciones interpersonales, intrapersonales y con Dios. Las dos últimas quedan articuladas por cada uno en su proyecto personal de vida y mediatizadas por la fraternidad de vida pero no de un modo reglado o sistematizado. Sí es cierto que la "madurez humana" (habilidades sociales, emancipación, experiencia laboral, independencia económica, autonomía afectiva, capacidad de vincularse, manejo de la autoestima, asunción de compromisos, ...) es ámbito privilegiado de acompañamiento y contraste a cargo de la fraternidad de vida por su decisiva influencia en la experiencia del proyecto.

Las relaciones interpersonales fraternas son ámbito decisivo de encarnación de la experiencia del amor de fraternidad articulado en diferentes dimensiones del mismo como son:

* la "comunicación", sus diferentes niveles y dinámicas, es ámbito a mimar con intensidad pues las dificultades de la escucha y la explicitación de los sentimientos, fundamentalmente de enfado y conflictivos, son ocasión de encuentro y des-encuentro habitualmente en toda convivencia;

* la "vida y fe compartidas" son el mejor regalo que los hermanos se pueden hacer. Es por ello que se llama a la actitud centrada en ese compartir cotidianamente y de modo sistematizado se garantiza un tiempo ordinariamente los fines de semana.              

* la experiencia de la "corrección fraterna" es uno de los ámbitos más privilegiados donde se hace explícita nuestra condición de ser mediación del Dios de Jesús para el hermano por varias razones: por lo que supone de apuesta por el otro en cuanto otro, en cuanto agente de construcción del proyecto del Reino de Dios, por lo que supone de autenticidad en orden a asumir el componente de conflicto que siempre conlleva manifestar el amor al otro de modos no siempre agradables y complacientes con las expectativas ajenas y por lo que supone de mostrar al otro su identidad, su misión, su potencialidad, su llamada en orden a la gracia recibida del Señor para con su vida.

* el acompañamiento fraterno no es sino la cuna donde se juega la fraternidad. Se trata de vivir al otro como aquél en quien puedo descansar, apoyarme a fondo perdido e incondicionalmente, vivir al otro como el seno de la gratuidad, lugar donde el contraste, la corrección, la confrontación se dan la mano con la cercanía afectiva, la explicitación de sentimientos, la apuesta fraterna, la reconciliación, el perdón, el volver a empezar, ...

 

Tareas Domésticas

 

            "Domus" se refiere al hogar. "Doméstico" se refiere a las tareas propias del "hogar", del "domus".

Toda fraternidad de vida se encarna en la historia, en un lugar y tiempo determinado. Ése "lugar", ese "espacio" participa de la identidad fraterna. La "acogida al otro" configura la fraternidad desde su más profundo núcleo. Así el espacio ha de participar de esta "acogida". Esta participación se juega en una "serie de tareas" en orden a que el espacio sea, esencialmente, "acogedor" hacia dentro y hacia fuera.

Lo "acogedor" del espacio, del lugar se juega en cuatro de los cinco sentidos: la vista (la limpieza, el orden, ...), el oído (silencio ambiental, sonidos agradables, ...), el gusto (comidas, ...) y el olor (lavado y planchado de la ropa, salubridad personal, ...).

Se trata de tareas propias de todo hogar, también el nuestro. Junto con estas tareas se da la tarea de la administración de los bienes que posibilita que la comunión de bienes sea real en cuanto a actitudes cotidianas y en cuanto posibilitadora de la solidaridad real.

 

            Misión, Presencia y "Amigos de los pobres".

 

Toda fraternidad de vida vive en su interior el impulso a comunicar la buena noticia que gozosamente vive en el día a día. Los ámbitos comunitarios de fe, donde se vivencia la fraternidad a otros niveles, son lugares a los que la fraternidad de vida se vive especialmente llamada a comunicar la gozada de la fraternidad cotidiana. En este sentido la comunidad parroquial con sus comunidades componentes son destinatarios privilegiados.

Asimismo lo son aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que sabemos son receptores adecuados de semejante experiencia. Consideramos que son los tiempos de ocio tiempos posibilitadores de encuentros con hermanos, hermanas, familias y cercanos a la comunidad.

De modo específico la fraternidad de vida vive desde su corazón el deseo , necesidad y llamada de hacer llegar la experiencia de la fraternidad a aquellos hombres y mujeres más faltos de la misma por ausencia de común-unión de bienes, de vida, de fe, de esperanza, de amor fraterno, de acompañamiento, de presencia, ... o sea los pobres. Es en ellos donde de modo privilegiado nos encontramos con mayor claridad con la manifestación clara y meridiana del rostro del Dios de Jesús. Al entregar nuestro tiempo, espacio y tiempo a ellos es al mismo Dios a quien se lo damos y ofrecemos. Ésta es nuestra buena noticia cotidiana.

En esta línea la comunidad ha ido configurándose en torno a un principio de relación fraterno-afectiva con los pobres articulada en diferentes misiones personales y comunitariamente explicitada en la "presencia" en nuestras vidas, fundamentalmente en tiempos de ocio, y en la oferta de "acogida" en nuestra casa. Se trata de lo que hemos ido llamando "llamados a ser, como fraternidad de vida, amigos de los pobres". Denominación que recoge la llamada a evangelizar y a ser evangelizados por los "ninguneados" de aquí (mujeres y niños gitanos e inmigrantes) y los "ninguneados" de allá (indígenas y mestizos chiapanecos encarnados en la iglesia chiapaneca).

 

Comunión de Bienes.

           

            Es propio de todo vínculo afectivo profundo el vivir la llamada urgente a compartir la vida y, en compartiendo la vida, los bienes. Este obvio principio afectivo subyace en la llamada a compartir los bienes con aquél que es mi hermano, aquél con el que comparto mi vida y fe.

Juntamente con esto la centralidad de la experiencia de la eucaristía nos provoca automáticamente la experiencia de compartir nuestro pan cotidiano y nuestro vino con los hermanos con los que compartimos la vida y la fe, es decir, aquellos bienes que son necesarios para nuestro sustento. Y en consecuencia nos llama a compartir aquél pan y vino que no necesitamos, aquellos bienes que podemos prescindir. Sabemos que la experiencia de la necesidad para el sustento se presta a subjetivismos. Es la fraternidad de vida la que permanentemente discierne la austeridad y la consecuente justicia y caridad a la que en cada momento se ve llamada.

En esta línea y en la línea de la anterior experiencia de habitual encuentro con el rostro del Dios de Jesús encarnado con especial claridad en el rostro del pobre vivimos la llamada a vivir la urgencia de la solidaridad, del amor hecho caridad, justicia. Es esta experiencia de justicia y caridad la que nos lleva a vivir compartiendo, a vivir en la austeridad posible, en orden a ofrecer y "devolver", lo más posible, los bienes que la estructura socio-económica injusta nos ofrece a nosotros, inicialmente "no ninguneados". En este sentido se ubica la realidad de la comunión de bienes entre los hermanos en el día a día y la solidaridad con las causas de los más "ninguneados".

 ¡Qué duda cabe! La comunión de bienes integra adecuadamente las diferentes experiencias de necesidad de los hermanos y la diferente aportación económica de los mismos.

 

Formación permanente:

 

Todo proceso humano y espiritual ha de ser acompañado por la ayuda adecuada de las ciencias humanas en orden a encarnar semejante experiencia en el hoy y en el aquí de la persona en la situación histórico-espiritual-cultural que le toca vivir en fraternidad. Por ello la fraternidad garantiza tiempos, espacios y medios en orden a posibilitar tal capacitación a partir de la ciencia teológico-espiritual, bíblica y psicológica.

Se ha de posibilitar que tal formación esté lo más arraigada posible en la vida cotidiana de la fraternidad y sus miembros.

 

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