| Jesús
eligió a sus discípulos para formar con ellos una comunidad de
vida. Jesús les instruyó a menudo en que las relaciones entre
sus seguidores debían basarse en el amor y el servicio, que el que
quisiese ser el primero tenía que ocupar el último lugar previniéndoles
contra los sistemas de gobierno que oprimen y tiranizan. |
Si bien Jesús no dejó instrucciones sobre cómo se debe
organizar una comunidad, si parece que en aquella primera comunidad había
cierta organización y cierta jerarquía, en la que los doce
ocupaban u lugar preeminente, y entre ellos Pedro, así como Judas
encargado de las limosnas. Lo que parece claro es que las relaciones con Jesús
eran verticales y entre los discípulos horizontales. Jesús era el
maestro y los demás eran los discípulos.
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| La actual
organización de la Iglesia parece que se inspira en la organización
política del Bajo Imperio Romano. La pregunta es ¿porqué no
tomar inspiración de la actual organización política del
mundo?. Si bien "La Iglesia no es una democracia en su fundamento sí
puede serlo en su funcionamiento" (González Faus), la democracia
estaría más de acuerdo con el espíritu de las relaciones
que Jesús quiso para sus discípulos: el amor y el servicio se
revelan mejor cuando todos son tenidos en cuenta para las decisiones, cuando
todos pueden ser elegidos para los cargos, cuando todos pueden elevar su opinión
y ser escuchados. |
La organización
eclesial quiere repetir el esquema dejado por Jesús en sus relaciones con
los discípulos. Los apóstoles (y con ellos los ministerios
ordenados) serían en una comunidad lo que Cristo fue en la primera:
pastor, maestro y guía. Por otra parte la fidelidad a la tradición,
exige aceptar un sistema organizativo que ha permitido mantener viva a la
Iglesia durante veinte siglos. Cualquier cambio en este sentido, sería
una aventura peligrosa de consecuencias impredecibles. |